Teruel 2011

El viento es el más veloz de los mensajeros. Por él viajan los sonidos, las voces, la música y las palabras. Él es quien agita las velas de los barcos llevándolos a su destino, quien acompaña los pasos de los hombres sobre los caminos, quien susurra poemas de amor en los oídos de los amantes.
Como cada día, desde hace ya cinco años, en la villa de Teruel, una hermosa joven asoma su cabeza por la ventana de sus aposentos, a la espera de que el viento enrede en sus cabellos el eco del galopar de un caballo que le anuncie el retorno de su amor. Cada día. Desde hace cinco interminables años.
Abajo, en la calle, las gentes engalanan la ciudad para celebrar los desposorios de la joven dama con el rico hermano del tenente de Albarracín. Pero ella no presta atención a estos preparativos: su mente se encuentra muy lejos de Teruel.

El corazón de Isabel late con fuerza cada vez que un grupo de viajeros atraviesan la puerta del Guadalaviar, hundiéndose de nuevo en la desesperanza al comprobar que se trata de uno más de los invitados de su insigne prometido. Pero no desespera, a pesar de las recientes malas nuevas, cuando un desconocido anunció a todo Teruel, en la plaza de la Catedral, que Diego estaba muerto.
Su corazón se niega a admitirlo. Su amor es más grande que toda desesperanza. Y el viento, ese mismo viento que levanta el polvo de los caminos con el galopar de los caballos, mece sus ilusiones y le ha prometido que su amor regresará…

“Diego, amor mío… ¿Dónde estás?”

Fotos de Fidelis Regi y Luis Sorando